Aparte de eso hay menos verde y continúa habiendo escasez de agua. O, como dirá Don Horacio, una mala distribución del agua.
No tenemos constancia del inventor español de las "palmeras de plástico" para retener el agua de la evaporación pero no parece una idea descabellada.
Del que sí tenemos constancia es del tal Fukuoka o Masanobu Fukuoka (fallecido en el 2008) lo que indica que Don Horacio ha mantenido una cierta orientación ideológica ecologista.
Parece que el combustible principal en el 2074 es el biodiesel y que varios países productores de petroleo en la actualidad han reconvertido su actividad económica para producirlo.
¿Qué será de los vehículos eléctricos o las pilas de combustible, hidrógeno y otras alternativas que hoy parece que asoman tímidamente?
No dice nada aquí Don Horacio aunque, suponemos, eso no excluye que se estén utilizando.
Veremos qué nos deparan sus próximos escritos.
Pues no, lo de cerrar no ha sido tan irrevocable.
Hemos pensado mucho, discutido y dado mil vueltas al asunto.
Tal vez no sea un delito contra la ética.
Incluso puede que ni siquiera estemos alterando la vida de nadie.
Sólo es información recibida de un hipotético futuro gracias a los medios tecnológicos de que disponemos y sobre los cuales estamos trabajando y experimentando.
Hasta, hemos pensado, puede que el tal Horacio ni siquiera exista.
Porque la eterna pregunta es siempre la misma: ¿qué es el Tiempo?
¿Una linea continua hacia la eternidad?
¿Un amplio abanico de posibilidades?
¿Una sopa de universos paralelos?
En estos dos últimos casos puede que lo que estemos leyendo pertenezca a un futuro que nunca lleguemos a experimentar.
Así que ¿por qué no seguir adelante?
Y esta es la nueva decisión "irrevocable" :-)
Continuamos.
Después de un intenso debate hemos decidido cerrar este blog.
Los argumentos son variados:
1.- La mayoría piensa que no debemos hacer públicos estos escritos. Entre otras razones porque Don Horacio es (o puede ser) un personaje vivo. Desconocemos las posibles consecuencias que puedan derivarse de la publicación de sus propios escritos tomados de un hipotético futuro.
2.- Tampoco parece ético dar publicidad a este experimento. No tenemos porque iniciar una caza y captura de un personaje del que conocemos parte de su futuro pero nada de su presente.
Estos dos argumentos ya son más que suficientes. El Servidor Horacio seguirá abierto durante algún tiempo pero no se actualizará.
Y esto es todo. Tal vez en el futuro varíen las circunstancias y podamos develar todo lo que surja. Pero, ahora mismo, esta es una decisión irrevocable.
Gracias a tod@s quienes habeis mostrado vuestro interés.
Y hasta pronto... en el pasado, presente o futuro.
[Entrada con título, fechada en el original el 26 de abril de 2074]
Hacer nada es lo que realmente me gusta. Pero no siempre, porque sería aburridísimo. En realidad, lo que me ha gustado siempre y me sigue gustando es aparcar el cuerpo todo lo cómodamente que sea posible y dejar que se barajen las ideas en el cerebro. Puedo orientarlas, a veces, en alguna dirección que me interese y este fantástico ordenador central obtiene resultados él solito. Es evidente que aún no sé lo que soy y tampoco tengo la certeza de que alguien lo sepa realmente (respecto de sí mismo). La ciencia no ha conseguido hallar la prueba clara y contundente acerca del asiento o, incluso, la naturaleza del alma. O, simplemente, si tenemos o no tenemos alma.
Por esta afición mía a hacer nada he procurado vivir siempre lo más reposadamente posible aunque con el conveniente aderezo de aventuras. Huí de los trabajos rutinarios como de la peste y me entregué a ejercitar las funciones cerebrales. Para ser exactos diré que traté de entrenar o desarrollar de la manera más armónica posible las tres areas fundamentales de acción de la naturaleza humana, a saber: intelecto, emoción y movimiento. Como mi constitución física tuvo, durante muchos años, una relativa buena presencia y ésta se puede conservar mejor con inteligencia que con esfuerzo mi interés se centró, más bien, en mantener en excelentes condiciones mi sistema nervioso. Al fin y al cabo las neuronas no son recuperables.
Una vez, rondando los cuarenta, me compré en una tiendecita de México un par de tobilleras acolchadas con un gancho cada una. Con ellas puestas podía colgarme, boca abajo, de una barra de acero convenientemente sujeta. Creía yo que así se nutriría el cerebro de una manera especial. No sé si fue por esa costumbre pero hoy conservo bastante pelo en mi cabeza. Puede ser por eso o, tambi��n, por que he procurado conservar mis cervicales perfectamente alineadas. Observé que la mayoría de los humanos de sexo masculina que conservan el pelo a edad avanzada tendían a esto mismo. Probablemente el estado de las cervicales influya en la circulación sanguinea que nutre el cuero cabelludo. En todo caso, me gusta pensar que, a ratos, que mi curiosa supervivencia tiene algo que ver con mis inteligentísimos hábitos adquiridos por perspicaces y sabias deducciones.
Ahora bien, para ser sinceros, me costó mucho tiempo entender realmente a aquel Sócrates con su “sólo sé que no sé nada”. Creo que la mayoría de la gente no vive los suficientes años como para penetrar en la cruda realidad del aforismo. En fin que, como se ve, he caído tan bajo que me considero la persona más lúcida del planeta.
Para no engañarme a mí mismo o a quien pueda llegar a leerlos (tengo una secreta vanidad a la que le gusta pnesar que serán leídos con fruición en los años venideros y que yo lo veré todo por un agujerito) tendré que decir que, en aras de mi comodidad personal, adquirí el hábito de no preocuparme excesivamente por casi nada. Así que, insisto, busqué la manera de vivir sin estar sujeto a rutinas insidiosas o bajo botas patronales. Escribí un puñado de cosas, como sabrán algunos, pero sólo supe que mis agotadoras incomodidades por conseguir el pan de cada día se quedarían sin su adjetivo cuando gané el premio. Entonces pensaban todos que estaba en la mitad de mi vida, pero yo no me había puesto metas en este sentido.
Poder comprarme un apartamento con el dinero que me quedó tras abonar los sangrantes impuestos me produjo un enorme alivio vital. Creo que fue entonces, ahora que lo pienso, cuando prácticamente me desaparecieron los muy frecuentes ataques de asma. Estos no eran graves porque nunca les añadí la angustia del miedo a morirme. Pero eran incómodos y esto, realmente, era lo que me fastidiaba. Al conseguir un nidito con un dinero ganando por mi, los bronquios dejaron de sentir la obsesiva necesidad de angostarse. Fue como un rambuster que me supuso la posibilidad de desarrollar algunas de mis múltiples vocaciones incluso ganando dinero con ellas. Hasta entonces, como casi todo hijo de moro o cristiano, había estado sometido a la presión vital que supone hacer las cosas por la necesidad primaria de obtener resultados pecuniarios.
Hacer nada es mi gran afición. Pero un hacer nada activo, con profusión de marejadas creativas.
He visto a muchos entrar en meteórica decrepitud tras jubilarse. Precisamente porque no encuentran nada útil con que llenar su tiempo. La situación es especialmente triste en las casas en las que no hay libros. La lectura o, siquiera, la resolución de crucigramas, mantiene encendido el pilotito de las neuronas. Y esto da mucha vida. Las depresiones post-jubilación son frecuentísimas. Ironías de una palabra que deriva de alegría. Las parejas no se llevan especialmente bien cuando están demasiadas horas seguidas juntas. El trabajo fuera de casa es una pausa creadora en la convivencia conyugal. Un bálsamo que permite aliviar las heridas que produce el frecuente roce. Pero si a uno lo jubilan y no es capaz de desarrollar otras actividades, entonces se vuelve un auténtico fastidio. Hoy esto de la jubilación es algo más flexible que años ha. Sin embargo, para algunos, más valiera que los ajusticiaran directamente. Que acabaran limpiamente y de una vez con ellos. Tal es el absurdo vacío de tantos seres humanos. Cuando no les dicen lo que tienen que hacer no son capaces de tener iniciativa. Y hay tantas cosas por crear y recrear que unos miserables ciento diez años son apenas una bagatela. Debo confesar que yo aún no he conseguido aburrirme en serio.
De todas formas sigo pensando que el gobierno debería buscar alternativas en forma de actividades útiles para el personal jubilado que lo necesitase. Esto supondría mayor bienestar y menos dinero público gastado en antidepresivos. Aunque a veces pienso que al gobierno le interesa que los pensionistas se mueran, cuanto antes mejor, de aburrimiento.
Hubo un tiempo en que, desde el punto de vista económico, preocupó mucho el envejecimiento de la población, el aumento de los pensionistas, las arcas del estado vacías, el mucho paro. Afortunadamente (ahora igual no se ve tan claro) hubo dos contrapesos eficaces: los movimientos migratorios que trajeron a Europa a gente joven sin muchos reparos para procrear abundantemente. Nuevos trabajadores y nuevos cotizantes. Se veían con recelo, sobre todo tras una profunda crisis que hubo no sé que año. Pero luego vino una fuerte recuperación y esa gente fue agua bendita.
El otro fue la instauración del, en su tiempo, hiperpolémico impuesto sobre el valor-trabajo de la maquinaria. Eso que ahora cae de cajón no existió desde que el ser humano empezó a usar máquinas, ni mucho menos. Eso de que los ordenadores y otras máquinas tengan la categoría de trabajadores y contribuyan al fondo común por ello ha sido algo revolucionario. Teniendo en cuenta que luego no cobran retiro (aunque sí tengan su seguro de “enfermedad”) es un buen killazo para la economía. Sólo faltará que terminen organizándose en sindicatos.
En fin, jubilados del mundo, como perdais el deseo de saber o de hacer estareis realmente muertos, para regocijo de los troyanos que administran los caudales del estado.
Bueno, pues parece que hoy se me ha reventado la vena filosófica. Ya me estoy creyendo el papelito de “viejo-profesor-transcendido-admirado-amado-adorado-y-respetado-ilustrando-sobre-las-grandes-verdades-cósmicas”. Si es que aún con más de un siglo a cuestas cualquiera puede seguir siendo completamente imbécil.
Hoy hemos recibido una agradable sorpresa. La artista Castrolara ha hecho un retrato de Horacio. Y nos lo ha enviado.
Le aporta un punto desenfadado y simpático a los escritos del diario de Horacio. Y, además, es una imagen razonable de Horacio que, suponemos, no le parecería nada mal a él. ¿Se parecerá al modelo real?
No es que pretendamos frivolizar pero no cabe duda que hasta las cosas más serias hay que tomárselas de forma distendida y con un punto de humor.
Porque por el momento no tenemos ni idea de a dónde conducirá esto.
Así que la hemos incorporado a la primera entrada del diario.
Y, si se tercia, las demás también podrían tener su viñeta.

[Con fecha 20/4/2074 en la fuente. La fecha escrita en letra es del original al igual que el título "las leches"]
veinte de abril de dosmil setenta y cuatro
Cuando era pequeñito (porque lo fui, joder) tomaba mucha leche. Me decían, como a casi todos los niños, que crecería mucho y me saldría bigote. Incluso se me aplaudía la notable proeza de beberme un vaso grande, enterito y sin respirar. Pero luego, sobre los veintitantos años, la leche me producía extraños fenómenos. Me acentuaba poderosamente los desagradables síntomas de una alergia respiratoria. Incluso me desencadenaba, a veces (y no digo que fuera la única razón) todo un cuadro asmático.
No sé bien si la culpa era de la leche en sí, de los antibióticos y hormonas que se les solía dar a las vacas o de algún defecto de mi fisiología particular. Lo cierto es que llegué a desconfiar de ese líquido blanco que venía en tetrabrick. Ahora que lo pienso… es un envase muy ingenioso. Aún no hay otro mejor. Lo que sí a evolucionado algo es el sistema de apertura. Este que estoy viendo ahora se abre tirando de una anilla de plástico. Se mete el dedo, tiras y sale un pitorrillo retráctil con su taponcito y todo. Claro que el pitorrito ya estaba inventado de hace tiempo. Lo que pasa es que se usaba en los flotadores, colchones playeros y cachivaches semejantes. Y, además, el de los tetrabricks tiene un ingenioso sistema para que entre aire mientras sale la leche. Antes era totalmente aleatoria la forma en que se iba a disparar el chorro.
Pero esta leche que ahora voy a utilizar en mi desayuno no es propiamente leche de vaca. Es una especie de horchata de avena y arroz. Me gusta más. Porque las leches de vaca han dejado paso a “preparados de leche”. Una especie de batido con algo de leche, proteinas y grasas variadas, amén de las consabidas vitaminas, calcio y todo eso. Porque hoy beber leche de vaca de verdad es difícil. O, en todo caso, un lujo.
Hace mucho que sospechaba que la leche leche prácticamente desparecería algún día. Y creo que lo pensé muchas veces al observar la irrupción en los mercados de curiosas leches.
Empezó este asunto de leches convenciendo a los consumidores de que era mejor para la salud usarla desnatada o semidesnatada. Bonita forma de crear un creciente beneficio industrial usando la grasa para otros productos. Luego vino una a la que le quitaban la grasa propia y la sustituían por grasa vegetal. Muy rica en ácidos grasos poliinsaturados y, por tanto, estupenda para el colesterol (ese que fue considerado el enemigo público número uno hace no se cuantos años y del que ahora apenas se habla). Luego vinieron muchas otras: especiales para niños, con vitaminas, sin lactosa, con sabores, ultraligera, enriquecida con proteinas, con calcio, con mucho más calcio, con isoflavonas, mitad soja y mitad leche… la búsqueda incesante de la leche perfecta resultó ser tan surrealista como la lucha por el blanco absoluto de los detergentes.
No hay mal que por bien no venga dicen los resignados. Me harté y me pasé a las “leches” vegetales. Pero, a veces, tomo leche de vaca de verdad que consigo en una granja ecológica de una secta. Y me sienta bien. Lo que ya no sé es si es por que las vacas estas viven bastante contentas (o eso parece) o porque ya paso de todo, hasta de mi fisiología particular.
Hablando de vacas. Ellas sí que no podían sospechar la ruina que se les venía encima. Por cierto, siempre me ha gustado el olor de las vacas. Hasta la mierda de las vacas me huele bien. Oler una bosta de vaca, para mi, es oler el campo entero…. A lo que iba… la ingeniería genética las transformó en elementos mucho más productivos. Se hicieron más pequeñas con unas ubres enormes. He visto chavales muy sorprendidos cuando han visto una vaca de toda la vida (creo que les parecen hasta raras). Las nuevas vacas, eso sí, producen la misma cantidad de leche que una vaca, digamos, natural. Pero ocupan menos espacio. Así que son bichos atrofiados que no pueden caminar y mueren a los cuatro años más o menos, agotadas y aún más deformadas por la inmovilidad y por haber dado tanta leche. Son vaquitas de usar y tirar. Desechables y reciclables porque luego sirven para fabricar la inmensa gama de preparados protéicos que se han tornado imprescindibles en todas las casas. Tarros de vaca en polvo les llamo yo, potitos, sopicaldos, concentrados, filetes (aglomerados de vaca), en fin… todo proteina con un exquisito aderezo de sales minerales, vitaminas y oligoelementos. Variados sabores para un auténtico asco.
Hay un detalle que era fácilmente previsible. Estaba claro que llegaría un día en que las vacas no sabrían lo que es el sol o un prado de hierba verdecita y apetitosa. Y así es. Con las raras y difíciles excepciones, como ese puñado de humanos que insisten en cultivar malamente algún trozo de tierra y mantener unas cuantas vacas de verdad. Pero las leyes sanitarias son tan estrambóticamente rigurosas, incluso en sus más absurdos detalles (leyes que están, seguramente, dictadas por las grandes corporaciones industriales) que resulta realmente difícil mantener ese raro privilegio.
Hay ecologistas a la antigua usanza que propugnan la vuelta a la tierra. Pero ¿se puede? porque las cosas no pintan bien. Y la tierra es como la leche. De tanto quitarle y ponerle casi no se ve.
Coño, que me voy por los cerros de Ubeda. Tengo tantas ideas ahora mismo que no sé por dónde seguir. Se ve que ciento diez añitos dan para mucho, teniendo en cuenta que en todo este tiempo no he dejado de asociar ideas. Y ahora que he descubierto tantas “verdades fundamentales” y contemplo serenamente los recovecos de mi entendimiento… esos rincones en los que se guardan todas las soluciones a todos los misterios esenciales… me da todo exactamente igual.
Este artículo será actualizado con todos los datos que nos permitan construir el perfil de Horacio.
Si esta historia tiene algo de real, según entendemos la realidad actualmente, Horacio sería una persona que existe actualmente. A la luz de las teorías cuánticas acerca del tiempo cabe dudar sobre si el Horacio actual llegará a ser el Horacio del que podemos leer sus escritos del año 2074. Esto es algo que merece un debate amplio y lo iremos haciendo mientras dure este blog.
Por el momento podemos contar con estos datos. Si alguien se siente identificado o conoce a alguien que encaje en este perfil sería interesante que nos lo hiciera saber.
Datos de Horacio:
Nombre: Horacio
Apellidos: ?
Vida laboral: ?
Fecha de nacimiento: 15 de abril de 1964
Parece evidente que posee un nivel cultural medio-alto.